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HISTORIAS CON PASIÓN

HISTORIAS DE AMOR,
PARA LOS ENAMORADOS

El amor se manifiesta de muchas formas. Escogimos estas tres historias en las que este sentimiento es protagonista.

 

Septiembre es un mes para celebrar el amor y la amistad. Por eso, queremos contar historias de amor diferentes a las que estamos acostumbrados. Hablaremos de esos amores eternos, amores lindos y desinteresados que nos muestran que vale la pena amar a los demás por encima de cualquier otra cosa.

 

Mi abuelo, mi amigo

 

“Mi abuelo me enseñó todo lo que sé del campo. Gracias a él soy lo que soy porque es mi ejemplo a seguir”, cuenta Adriana. La complicidad con su abuelo la construyó desde muy niña, mientras caminaban por una finca de la sabana de Bogotá y él le contaba sus aventuras juveniles. A medida que Adriana creció, la amistad con Alfonso, su abuelo, se hizo más fuerte y hoy, a los 32 años, habla con orgullo de él, que cumplió 95 y sigue caminando vigoroso por la sabana y contando sus historias a quien quiera escucharlas. Adriana y Alfonso mantienen un lazo muy fuerte y son muestra de que el amor familiar siempre puede ir más allá y se puede convertir en una gran complicidad.

  

Enamorada de las plantas 

 

Natalia Contreras tiene 27 años. Y aunque es joven parece una enciclopedia. Esta bióloga identifica cualquier planta con la que se encuentra, la clasifica, menciona a otras especies de su clase y finaliza con algún dato curioso. En realidad es como una biblia de la botánica, pasa buena parte de su tiempo libre leyendo sobre el tema y lo disfruta: es una enamorada de su profesión y de la naturaleza, pero sobre todo de las plantas. Desde muy niña se apasionó por conocerlas y estudiarlas y hoy, esa pasión se convirtió en su forma de vida y la transmite a sus alumnos en cada clase. Su amor por las plantas la ha llevado a ser invitada a universidades de Europa a hablar de su consentida: el lupino una planta que ayuda a que nuestros páramos sigan siendo fábricas de agua para el mundo. Natalia se esfuerza a diario para crear conciencia de la importancia de cuidar el planeta y de transmitir ese amor a quienes la rodean.

 

Los amores eternos sí existen

 

Doña María Ignacia y don Hernando esperaban con ansias cada diciembre porque sabían que se iban a volver a encontrar en su pueblo natal, tras un año más en los internados en los que estudiaban. Ya han pasado 55 años desde que unieron sus vidas en un matrimonio del que nacieron 4 hijos. Hoy, los dos pasan los 80 años y parecen novios. Él es un hombre educado, que sabe de todo, al que años y años de trabajo le dejaron enseñanzas que ahora transmite a sus nietos. Y ella, recuerda con cariño sus años como profesora y fue quizás ese oficio el que le permite ser una mujer que hace amigos con facilidad y que se ha convertido en el eje de una familia que reconoce en esta pareja un ejemplo a seguir y una meta por cumplir porque son, en esencia, muestra de que la paciencia, la comprensión, el respeto y el cariño son los pilares de una vida en pareja en la que siempre ha estado un tercero: el amor.